/Cortázar, Sedgwick, Jara o cualquiera de mis ídolos, en estos momentos, estarían prendiendo un cigarro para defecar la emoción en una escalera de humo al cielo. Lástima que yo no fumo.
/Qué hago. Me trago la saliva y vuelvo a pestañar. Trago de nuevo y por fin se me destapan los oídos.
/Por qué siempre, por qué cómplice, por qué no se me ocurrió antes, por qué la irreverencia me deja comiendo como vaca en el pasto y por qué para TODO se me ocurren soluciones bastante espantosas como para llevarlas a cabo.
/Todo está en todas partes. Ay si valga la rebundancia, que me parta un rayo ultravioleta mejor. The problem es que no encuentro lo que busco. Mi sentido de orientación cardinal sólo me funciona pa’ las calles nocturnas con sobriedad poco declarada.
/A mi me aburre tener mucho tiempo el control. Me satura conducir y/o conducirlos. Si fuera taxista compartiría el volante con el airbag. Si fuese Arjona no me conduciría a la vida, sino a la muerte.
/El codo en la mesa, el meñique en mi boca y mis neuronas se matan en juegos pirotécnicos.
/Insisto (aunque nunca haya insistido ni persistido, ni EXISTIDO), tú eres una de esas canciones que me dan pena. El chacal terror en un intento de amnesia absurda.
Nicanor Parra lo dijo en alguno de sus ataques literarios. Con furia. Con verdad. Porque se dice mucho y se hace poco. Porque las palabras son (para mí)la mejor herramienta, son las armas que apuñalan y desafían la seguridad del adversario. Pero son sólo palabras, que hieren, mienten, alegran, te hacen soñar. Y destaco, sólo son eso: palabras. Por eso, a pesar de todo, no confío en ellas. "A los amigos, cerca. A lo enemigos, aún más". He ahí la maldita razón de por qué son mis aliadas.
jueves, 1 de abril de 2010
In-condicional ojalá.
Si ese arco iris no hubiera estado festejando en el cielo o si en esa poza de agua no se hubiera reflejado, mis ojos no habrían brillado y tú no cruzarías con tu pasos como hombre en la luna.
Podría haber tomado tu brazo, aspirar tu alma y así encogería tus pies, o en la cuadra de atrás quizás me habrías golpeado con tu mirada y yo de puro susto te mentiría menos que ahora, y sacaría de mis bolsillos que habrían sido tuyos, las flores de goma eva que le compraste a aquel ciego. Si nada fuera cierto, volaríamos en la soberana estupidez, en la conjunción de sol, playa y tortillas, y tú sonreirías cínicamente, como siempre lo hacías, y yo te respondería con un soplo de arena en los labios.
Amaneceríamos en la más impura honestidad, nos embarcaríamos mar adentro con todas nuestras falsedades tan cómodas, me liberarías de las moscas, los impuestos, los zapatos, los climas, qué se yo. Mientras tanto te seduciría sólo con el hedor de mi pelo (incluso te enredarías y formarías un iglú con tanta frialdad en la cabeza).
Mataría por regresar el tiempo, detendría el auto o aceleraría tus pasos, y así seguiríamos siendo tan infelices como queríamos ser. Y yo en estos momentos no hablaría en vano, no necesitaría de tu oído vivo.
Podría haber tomado tu brazo, aspirar tu alma y así encogería tus pies, o en la cuadra de atrás quizás me habrías golpeado con tu mirada y yo de puro susto te mentiría menos que ahora, y sacaría de mis bolsillos que habrían sido tuyos, las flores de goma eva que le compraste a aquel ciego. Si nada fuera cierto, volaríamos en la soberana estupidez, en la conjunción de sol, playa y tortillas, y tú sonreirías cínicamente, como siempre lo hacías, y yo te respondería con un soplo de arena en los labios.
Amaneceríamos en la más impura honestidad, nos embarcaríamos mar adentro con todas nuestras falsedades tan cómodas, me liberarías de las moscas, los impuestos, los zapatos, los climas, qué se yo. Mientras tanto te seduciría sólo con el hedor de mi pelo (incluso te enredarías y formarías un iglú con tanta frialdad en la cabeza).
Mataría por regresar el tiempo, detendría el auto o aceleraría tus pasos, y así seguiríamos siendo tan infelices como queríamos ser. Y yo en estos momentos no hablaría en vano, no necesitaría de tu oído vivo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)