jueves, 1 de abril de 2010

In-condicional ojalá.

Si ese arco iris no hubiera estado festejando en el cielo o si en esa poza de agua no se hubiera reflejado, mis ojos no habrían brillado y tú no cruzarías con tu pasos como hombre en la luna.
Podría haber tomado tu brazo, aspirar tu alma y así encogería tus pies, o en la cuadra de atrás quizás me habrías golpeado con tu mirada y yo de puro susto te mentiría menos que ahora, y sacaría de mis bolsillos que habrían sido tuyos, las flores de goma eva que le compraste a aquel ciego. Si nada fuera cierto, volaríamos en la soberana estupidez, en la conjunción de sol, playa y tortillas, y tú sonreirías cínicamente, como siempre lo hacías, y yo te respondería con un soplo de arena en los labios.
Amaneceríamos en la más impura honestidad, nos embarcaríamos mar adentro con todas nuestras falsedades tan cómodas, me liberarías de las moscas, los impuestos, los zapatos, los climas, qué se yo. Mientras tanto te seduciría sólo con el hedor de mi pelo (incluso te enredarías y formarías un iglú con tanta frialdad en la cabeza).
Mataría por regresar el tiempo, detendría el auto o aceleraría tus pasos, y así seguiríamos siendo tan infelices como queríamos ser. Y yo en estos momentos no hablaría en vano, no necesitaría de tu oído vivo.

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