Un día me aburrí de mi rostro, y me puse un aro en la nariz.
Un día me aburrí de estar con él, y le dí una calurosa bienvenida a mi soledad.
Un día me aburrí de la música, y no ocupé mi pendrive por cuatro semanas.
Un día me aburrí de todo, y lloré hasta que se me salieron los sesos.
Un día me aburrí de esperar un año el “Santiago en 100 palabras”, así que esperé dos.
Un día me aburrí de echarle azúcar, así que le eché merkén.
Un día me aburrí de ver tele, y deseé un terremoto para que la destruyera.
Un día me aburrí del español, el inglés, el francés y el político, así que me paré a predicar en cetáceo.
Un día me aburrí de estudiar, así que me saqué puros (y castos) cuatros.
Un día me aburrí de los matices, y me hice gótica.
Un día me aburrí de ser gótica, y me casé de (vino) blanco (y se fue).
Un día me aburrí de mentir, hasta que me acordé que eso también era “arte”.
Un día me aburrí del lápiz y el papel, y decidí escribir con huellas en todo el Parque Ecuador.
Un día me aburrí de la curiosidad, y la comida para perro era mala.
Pero una tarde o una noche, me aburrí de los días, de los hombres y de los hongos en las paredes. A veces no era tan divertido ver que los poetas eran casi unos misioneros de la palabra.
Entonces por mientras yo miraba, tomaba jugo, y mentía.
Sobre todo mentía.
"(...) Pero yo no confío en las palabras (...)"
Nicanor Parra lo dijo en alguno de sus ataques literarios. Con furia. Con verdad. Porque se dice mucho y se hace poco. Porque las palabras son (para mí)la mejor herramienta, son las armas que apuñalan y desafían la seguridad del adversario. Pero son sólo palabras, que hieren, mienten, alegran, te hacen soñar. Y destaco, sólo son eso: palabras. Por eso, a pesar de todo, no confío en ellas. "A los amigos, cerca. A lo enemigos, aún más". He ahí la maldita razón de por qué son mis aliadas.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Literatura mis calzones.
>>>Literatura mis calzones, porque no hay dolor mejor expulsado que la propia palabra mal-gastada,
>>>la cicatriz que no quiere desaparecer y le da la pelea a la crema de rosa mosqueta.
>>>Yo no quiero, no quiero clasificar si es luz o sombra, a mi me parece un color anónimo, como una sonrisa oculta, como una anciana resignada, como una carcajada desagradable.
>>>Literatura mis calzones, que no se malentienda, los míos son de seda china.
>>>la cicatriz que no quiere desaparecer y le da la pelea a la crema de rosa mosqueta.
>>>Yo no quiero, no quiero clasificar si es luz o sombra, a mi me parece un color anónimo, como una sonrisa oculta, como una anciana resignada, como una carcajada desagradable.
>>>Literatura mis calzones, que no se malentienda, los míos son de seda china.
Discurso Minimalista sobre la capacidad del ser humano para ser independiente sin pasar a llevar a sus pares:
(Un carro alegórico)
Dejemos que sean tal cuales como quieren ser. La independencia de sus opiniones emergerá de sus mentes y corazones libres, sin caer en el individualismo arrogante, para formar humanos capaces de cambiar el mestizaje de pensamientos por la tolerancia a las ideas ajenas.
“No te preocupes, es una fiesta costumbrista, por lo menos en mi mente de sandía…”
Dejemos que sean tal cuales como quieren ser. La independencia de sus opiniones emergerá de sus mentes y corazones libres, sin caer en el individualismo arrogante, para formar humanos capaces de cambiar el mestizaje de pensamientos por la tolerancia a las ideas ajenas.
“No te preocupes, es una fiesta costumbrista, por lo menos en mi mente de sandía…”
Cronopios, Famas y los regalos.
Hoy estoy de cumpleaños. Y no conozco a ninguno de mis invitados. Solo sé que comen torta, me toman algunas fotos y comparan mi estatura con la de diez años atrás. La tía cabeza de silla me trae globos de plomo envueltos en papel de lija. El primo angustiado deja encima de la mesa sus venas frescas, recién cortadas. Un cronopio que entró por equivocación, busca la llave de su puerta en mi mesita de luz. Dos esperanzas (cada una a un costado del comedor) intercambian insultos a través de telegramas en blanco.
Noto que la luz de la cocina parpadea. Cae un plato y se quiebra. Hay un perro que se rompe la cola sacudiendo los restos filosos. Loza y torta en el piso. Hay sangre también. Y ahora hay más.
Para desviar esa atención, unos seres hacen desaparecer tal imagen, tragándose al perro y torta incluida. Corren los sillones, cuelgan algunas serpentinas.
Los famas cantan alrededor
Los famas cantan y se mueven
- CATALA TREGUA TREGUA ESPERA
Los famas bailan en el cuarto con
Farolitos y cortinas
Bailan y cantan de manera tal
- CATALA TREGUA ESPERA TREGUA
La danza llega a su fin. Sus cuerpos se me acercan con respeto y elegancia. Traen consigo un regalo que atan a mi muñeca. Me regalan un reloj, un pequeño infierno florido de cactus, una cadena de rosas plásticas, un calabozo de aire en cubitos. Pero siento que un recuerdo me detiene. Una conversación, un café en la esquina, un tal Cortázar me advierte de sus famas “rajá perro, que acá no te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.
Yo me niego secretamente al obsequio, lo recibo, lo uso. Pero nadie sabe que lo niego. A tal punto que ni me importa, total son todos unos desconocidos.
Noto que la luz de la cocina parpadea. Cae un plato y se quiebra. Hay un perro que se rompe la cola sacudiendo los restos filosos. Loza y torta en el piso. Hay sangre también. Y ahora hay más.
Para desviar esa atención, unos seres hacen desaparecer tal imagen, tragándose al perro y torta incluida. Corren los sillones, cuelgan algunas serpentinas.
Los famas cantan alrededor
Los famas cantan y se mueven
- CATALA TREGUA TREGUA ESPERA
Los famas bailan en el cuarto con
Farolitos y cortinas
Bailan y cantan de manera tal
- CATALA TREGUA ESPERA TREGUA
La danza llega a su fin. Sus cuerpos se me acercan con respeto y elegancia. Traen consigo un regalo que atan a mi muñeca. Me regalan un reloj, un pequeño infierno florido de cactus, una cadena de rosas plásticas, un calabozo de aire en cubitos. Pero siento que un recuerdo me detiene. Una conversación, un café en la esquina, un tal Cortázar me advierte de sus famas “rajá perro, que acá no te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.
Yo me niego secretamente al obsequio, lo recibo, lo uso. Pero nadie sabe que lo niego. A tal punto que ni me importa, total son todos unos desconocidos.
Cuélguenlo.
En mi profundo sueño, Morrissey se internaría de cabeza sobre mis flores pectorales, cíclope lloroso. Su danza remolina canalizará en mi centrífuga hecha de carne. Humana. Mi carne. Su templo. Me cantaría desde adentro con la ácida potencia de su voz, para atravesar mi piel a la superficie inerte que le espera y convertir mis poros en sus parlantes personales.
Me-destroza-por-dentro.
Una sopa derrama hígado, ovarios y melancolía por un desagüe de tejidos. Y si no es mucho pedir, podría cantar otro temita para que me devuelva los intestinos. Palestinos.
Y el alma.
Alíviame de la desintegración, sáname de la post imagen vidriosa; son tus vocales las que le recitan a mis fluidos de terciopelo –algo rotas- de un segundo a otro, de una boca a otra.
Porque estás en el punto exacto.
Yo te quiero Morrissey.
Me-destroza-por-dentro.
Una sopa derrama hígado, ovarios y melancolía por un desagüe de tejidos. Y si no es mucho pedir, podría cantar otro temita para que me devuelva los intestinos. Palestinos.
Y el alma.
Alíviame de la desintegración, sáname de la post imagen vidriosa; son tus vocales las que le recitan a mis fluidos de terciopelo –algo rotas- de un segundo a otro, de una boca a otra.
Porque estás en el punto exacto.
Yo te quiero Morrissey.
Que el diablo y las vacas me escuchen, por favor
Sírvanse a tomar asiento.
A bebérselos.
A introducírselos en los oídos de quienes estén a su lado derecho.
Azulado señor Cerati no es un color.
Se permite aplaudir efusivamente hasta que leviten las manos de quienes no conocen el sudor.
Ahora y en horabuena sería necesario pararse para entretener a las sillas, jugar al calor y el frío, meterse en las sábanas de la masa pública.
Yo más quisiera hacer una última petición: Aquel que desee ir al sanitario, hágalo en este instante.
Aproveche que el piso está para patinar, y el agua tiene sabor a semillas de maravilla mentira.
Yo. Aquí. Me. Dirijo. A. Las. Vacas.
Las vacas de blancas pestañas.
De una saliva hermosa que cuelga de sus anchos labios secos, como cascadas inmóviles.
A esa fiera reprimida, a esa loca traficante de nutritivos, a esa que muge y maulla pero que dios no le ayuda.
Gracias mis queridas vacas.
Gracias por escuchar estas delirantes súplicas.
(Y que Dios se haga el sordo)
A bebérselos.
A introducírselos en los oídos de quienes estén a su lado derecho.
Azulado señor Cerati no es un color.
Se permite aplaudir efusivamente hasta que leviten las manos de quienes no conocen el sudor.
Ahora y en horabuena sería necesario pararse para entretener a las sillas, jugar al calor y el frío, meterse en las sábanas de la masa pública.
Yo más quisiera hacer una última petición: Aquel que desee ir al sanitario, hágalo en este instante.
Aproveche que el piso está para patinar, y el agua tiene sabor a semillas de maravilla mentira.
Yo. Aquí. Me. Dirijo. A. Las. Vacas.
Las vacas de blancas pestañas.
De una saliva hermosa que cuelga de sus anchos labios secos, como cascadas inmóviles.
A esa fiera reprimida, a esa loca traficante de nutritivos, a esa que muge y maulla pero que dios no le ayuda.
Gracias mis queridas vacas.
Gracias por escuchar estas delirantes súplicas.
(Y que Dios se haga el sordo)
jueves, 1 de abril de 2010
Monólogo fracasado.
/Cortázar, Sedgwick, Jara o cualquiera de mis ídolos, en estos momentos, estarían prendiendo un cigarro para defecar la emoción en una escalera de humo al cielo. Lástima que yo no fumo.
/Qué hago. Me trago la saliva y vuelvo a pestañar. Trago de nuevo y por fin se me destapan los oídos.
/Por qué siempre, por qué cómplice, por qué no se me ocurrió antes, por qué la irreverencia me deja comiendo como vaca en el pasto y por qué para TODO se me ocurren soluciones bastante espantosas como para llevarlas a cabo.
/Todo está en todas partes. Ay si valga la rebundancia, que me parta un rayo ultravioleta mejor. The problem es que no encuentro lo que busco. Mi sentido de orientación cardinal sólo me funciona pa’ las calles nocturnas con sobriedad poco declarada.
/A mi me aburre tener mucho tiempo el control. Me satura conducir y/o conducirlos. Si fuera taxista compartiría el volante con el airbag. Si fuese Arjona no me conduciría a la vida, sino a la muerte.
/El codo en la mesa, el meñique en mi boca y mis neuronas se matan en juegos pirotécnicos.
/Insisto (aunque nunca haya insistido ni persistido, ni EXISTIDO), tú eres una de esas canciones que me dan pena. El chacal terror en un intento de amnesia absurda.
/Qué hago. Me trago la saliva y vuelvo a pestañar. Trago de nuevo y por fin se me destapan los oídos.
/Por qué siempre, por qué cómplice, por qué no se me ocurrió antes, por qué la irreverencia me deja comiendo como vaca en el pasto y por qué para TODO se me ocurren soluciones bastante espantosas como para llevarlas a cabo.
/Todo está en todas partes. Ay si valga la rebundancia, que me parta un rayo ultravioleta mejor. The problem es que no encuentro lo que busco. Mi sentido de orientación cardinal sólo me funciona pa’ las calles nocturnas con sobriedad poco declarada.
/A mi me aburre tener mucho tiempo el control. Me satura conducir y/o conducirlos. Si fuera taxista compartiría el volante con el airbag. Si fuese Arjona no me conduciría a la vida, sino a la muerte.
/El codo en la mesa, el meñique en mi boca y mis neuronas se matan en juegos pirotécnicos.
/Insisto (aunque nunca haya insistido ni persistido, ni EXISTIDO), tú eres una de esas canciones que me dan pena. El chacal terror en un intento de amnesia absurda.
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