miércoles, 18 de agosto de 2010

Cosas que una escribe para divertirse.

Un día me aburrí de mi rostro, y me puse un aro en la nariz.

Un día me aburrí de estar con él, y le dí una calurosa bienvenida a mi soledad.

Un día me aburrí de la música, y no ocupé mi pendrive por cuatro semanas.

Un día me aburrí de todo, y lloré hasta que se me salieron los sesos.

Un día me aburrí de esperar un año el “Santiago en 100 palabras”, así que esperé dos.

Un día me aburrí de echarle azúcar, así que le eché merkén.

Un día me aburrí de ver tele, y deseé un terremoto para que la destruyera.

Un día me aburrí del español, el inglés, el francés y el político, así que me paré a predicar en cetáceo.

Un día me aburrí de estudiar, así que me saqué puros (y castos) cuatros.

Un día me aburrí de los matices, y me hice gótica.

Un día me aburrí de ser gótica, y me casé de (vino) blanco (y se fue).

Un día me aburrí de mentir, hasta que me acordé que eso también era “arte”.

Un día me aburrí del lápiz y el papel, y decidí escribir con huellas en todo el Parque Ecuador.

Un día me aburrí de la curiosidad, y la comida para perro era mala.


Pero una tarde o una noche, me aburrí de los días, de los hombres y de los hongos en las paredes. A veces no era tan divertido ver que los poetas eran casi unos misioneros de la palabra.

Entonces por mientras yo miraba, tomaba jugo, y mentía.

Sobre todo mentía.

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